Querer ser mamás fue una decisión que no nos costó mucho tomar.

Después de un largo tiempo, Amanda sintió que había llegado el momento.

Yo hacía mucho que deseaba formar nuestra familia, pero no tenía desarrollado el instinto.

Ella sabía, desde siempre, que quería ser mamá gestante, por lo tanto, todo estaba muy claro 😊

Así que decidimos ponernos manos a la obra, pero claro, nosotras no lo tenemos tan fácil, como bien sabréis, pero bueno, ahí empezó nuestra historia.

Lo que hoy quiero dar a conocer no es cómo sigue nuestra aventura, sino cómo me siento yo, la mamá no gestante, aquella que parece no ser tan importante para el proceso; aquella que, a veces, se vuelve invisible.

Nuestro proceso para ser mamás está siendo más largo de lo que nos imaginábamos.

No está siendo fácil, y una de las peores consecuencias que estamos sufriendo es a nivel emocional.

Con el paso de los días vemos que el camino se hace más cuesta arriba, que nuestro objetivo se aleja…aunque siempre tenemos esperanza.

Y con cada  nuevo intento, renacen las buenas vibras. Pero podéis imaginar la montaña rusa emocional que estamos sufriendo, ¿no?

Cada NO es nuevo palo, aunque también es una nueva oportunidad.

Pero estos palos, estas oportunidades, las afrontamos de la mano, juntas, siendo más fuertes.

Por el contrario, hay otros sentimientos que no son tan fáciles de compartir, que quieres guardarlos tan, tan adentro que no quieres compartirlos ni contigo misma, porque sería afrontar la realidad (no leer con tono tremendista :P).

¿Qué realidad?

Pues aquella vivida durante todo el proceso, en la que los médicos no se dirigen nunca a ti porque no eres el padre, sino una acompañante; en la que, cuando te presentas como pareja, te saludan amablemente, pero siguen sin dirigirte la mirada cuando explican las cosas; en la que sólo pareces ser importante para firmar papeles; en la que, si no te haces notar, ni te invitan a acompañar a tu pareja desde cerca.

Obviamente, hay doctores que te hacen sentir más acogida que otros, hay doctores, “nuestro doctor”, que te hace sentir importante en este proceso, que te hace sentir tan importante como lo es la mamá gestante, y es por ellos/él que seguimos fuertes el camino.

A veces pienso que lo explicado anteriormente, son sólo sentimientos transitorios, que pasarán una vez consigamos nuestro objetivo y que no me importarán lo más mínimo cuando seamos 3. Lo pienso porque, aunque haya podido sentirme a ratos apartada del proceso, al final es cómo yo quiera sentirme, y yo sé que soy parte importante.

Pero sí que hay algo que me da más miedo, y supongo que a todas las mamás no gestantes les ocurre o ha ocurrido (por lo que puedo leer en grupos de Facebook o por charlas con amigas), y es cómo nos querrá nuestro bebé una vez esté con nosotras.

Lo admito, es una duda muy egoísta, es pensar en cómo me sentiré, si nuestro bebé me querrá igual que querrá a su mami gestante, si sentirá lo mismo, si me necesitará como a su mami, etc.

Sé que estoy anteponiendo situaciones, pero es la incertidumbre, el no haber vivido, el no saber cómo será, lo que me hace pensar en todo esto.

Las mamás no gestantes del mundo:

¿cómo lo habéis llevado vosotras?

Si queréis compartir vuestra historia o conocéis de alguien que querría compartirla, rellenad el formulario de contacto o directamente enviad un email a hola@iammamas.es con el asunto “Historia de Maternidad al cuadrado”.