Hola de nuevo! Hoy vengo a hablaros de un tema que considero importante en relación a la crianza de mi peque.

En diferentes ocasiones, personas muy cercanas nos han dicho a Mireia y a mí que nuestro peque está muy espabilado, demasiado espabilado porque lo estimulamos mucho. Y yo me pregunto: ¿es esto así? ¿realmente estimulamos tanto a Gael? ¿No lo estaremos sobreestimulando ?

Es cierto que desde que Gael nació le hemos ofrecido propuestas sensoriales de toda clase. A las dos semanas de nacer, ya le pusimos el primer móvil Montessori y también durante unos minutos al día lo tumbábamos en una colchoneta en el suelo y le acompañábamos mientras lo observaba.

A partir de ahí, hemos hecho muchas actividades con él y le hemos ofrecido materiales y propuestas acordes con su momento evolutivo y sus necesidades.

Pero entre estimular y sobreestimular existe una gran diferencia.

En nuestro caso, podemos decir que hemos «estimulado» a Gael porque desde pequeño le hemos hablado mucho, explicado casi todo lo que hacíamos con él y lo que íbamos a hacer (anticipando las cosas); le hemos cantado y dado masajes a diario, y sobre todo muchos mimos y caricias. Con eso sin duda, hemos ido fortaleciendo el vínculo afectivo, intentando construir con él un vínculo seguro que influirá en su desarrollo cerebral y en su futuro desarrollo en todos los niveles (social, cognitivo, emocional y social)

La verdad es que Gael es un niño muy curioso, y nosotras vamos alimentando esa curiosidad, explicándole lo que hay a su alrededor y dejando que toque y experimente con aquello hacia lo que muestra interés.

De igual modo, a nivel motriz también dejamos que experimente y vaya descubriendo su cuerpo y todas sus posibilidades de manera libre. Por eso, desde muy pequeño pasamos mucho rato en el suelo, algo que para mí es básico.

Ahí él tiene libertad total de movimiento, y ha pasado de estar boca arriba a girarse, a descubrir cómo volver a ponerse boca arriba y luego a arrastrarse por toda la casa, y casi está a punto de soltarse a gatear. Por ese motivo, también siempre está descalzo (o lleva calcetines si salimos y hace frío), porque los pies son mucho más sensibles que las manos, y a través de ellos los peques se informan sobre el mundo exterior, descubriendo las distintas texturas y temperaturas.

Pero todo esto que hemos hecho y hacemos con él, no tenía la intención de estimularle, es decir, de estimularle con ninguna intención particular. Intento explicarme… todas las propuestas, las experiencias sensoriales, las actividades que hicimos y hacemos con él no tienen como objetivo que nuestro hijo gatee, hable, se ponga de pie, corra…antes del momento que le toque. Sino que damos respuesta a aquello que él no pide.

Dejamos que él se mueva, observe, se exprese como necesita, y potenciamos que pueda descubrir todo lo que le rodea a nivel sensorial. Por ejemplo, si quiere coger algo que tenemos en las manos, y se trata de un objeto seguro, se lo dejamos explorar. Cuando vamos por la calle, si se fascina con alguna cosa, le explicamos qué es, y si puede tocarla, pues le dejamos. En el suelo, cuando se mueve, dejamos que explore la casa, vigilando, acompañando y asegurándonos de que no se hace daño.

Pero, ¿cómo saber si estimulas y sobreestimulas?

Si estimulas a tu peque, respetas su ritmo, lo escuchas, lo observas y si ves que está cansado, le ofreces propuestas tranquilas que le ayuden a relajarse.

Dejas que él lidere la propuesta según sus intereses, sus capacidades y sus necesidades.

Le ofreces propuestas dosificadas, juguetes de poco a poco. Muchos estímulos no es sinónimo de estimular, con muchos estímulos a la vez no favorecemos que los peques puedan centrarse en nada, y entonces se frustran y se alteran.

*Ojo con el tema televisión! Los peques no deberían estar expuestos a las pantallas. Hay una edad para todo, y un bebé de meses e incluso hasta los 2 años, según la OMS, las pantallas no son recomendadas, de hecho mejor evitarlas el mayor tiempo posible. (Más info aquí). Las pantallas no estimulan a los peques, los sobreestimulan.

Sin duda, todas las experiencias que le ofrecemos van sentando las bases del futuro desarrollo de nuestras criaturas, por eso es necesario crear un ambiente rico a nivel sensorial, pero no sobre cargado.

De hecho, no hacen falta ni materiales, ni actividades de estimulación, ni clases para estimularlos. El día a día y cualquier ocasión cotidiana se puede aprovechar para estimular todos los sentidos de las peques.

Lo más estimulante para las peques es nuestra presencia, nuestra voz, nuestro acompañamiento. Puede que sí, que estemos estimulado demasiado a Gael, pero sin duda es dándole cariño, cogiéndolo, hablándole, haciéndole partícipe de todo lo que hacemos con él, dándole libertad para explorar y ofreciéndole un entorno seguro y afectuoso donde hacerlo.

Y vosotras, ¿cómo estimuláis a vuestras criaturas?

Os leo!