Pasaron semanas en las que no parábamos de darle vueltas al hecho de comprar ya “el chute”.

Teníamos unas ganas infinitas de hacerlo ¡ya!, no queríamos esperar ni un segundo más.

Pero teníamos el viaje. Un viaje a la India.  El destino donde comenzó un poco nuestra historia. El destino que fue un antes y un después en nuestras vidas, y a donde queríamos volver 5 años más tarde. Para volver a cerrar un ciclo, una etapa. Y si nos “quedábamos”, la India no era el destino ideal para ir embarazada, la verdad.

Hubo días en los que dijimos, venga va, lo pillamos y a ver qué pasa. Otros días en los que teníamos más los pies en la tierra, y pensábamos que mejor esperábamos a volver de las vacaciones.

¿Sabéis cómo se sienten los peques cuando quieren algo y les decimos que tienen que esperar? Pues así nos sentíamos nosotras (y nos sentimos aún ahora). Queríamos un bebé y lo queríamos ya.

Así como si nada llegó julio, y un lunes caluroso revisando las redes sociales,  nos enteramos que en Catalunya se había aprobado el nuevo protocolo de reproducción asistida, que incluye a madres solteras y a parejas de lesbianas. La noticia nos emocionó, y aquel mismo día llamamos por teléfono para pedir una cita.

 

No teníamos ni idea, así que primero llamamos al Centro de Reproducción Asistida de Sagrada Familia, y allí nos dijeron que teníamos que llamar al ASSIR que nos tocara por zona. Mireia dijo que era el de la Torrassa, así que llamamos inmediatamente: teníamos cita para el 18 de julio!!!

Sólo una semana, pero qué semana más larga. El 18, muchos nervios, muchas preguntas. Entramos a la consulta y le explicamos a la ginecóloga a lo que venimos. Ella que se incorporaba de una baja, no estaba actualizada sobre el tema. Llamó a su jefa y ésta le explicó el protocolo; pero la ginecóloga decidió hacer las cosas “a su manera” y no seguir lo que le ha dicho la jefa.

Nos explica que seguiremos el mismo proceso que la parejas heterosexuales que tienen dificultades para concebir, y que nos manda para que me hagan a mí (la madre gestante) una citología y una analítica de sangre y de hormonas. Y mirando a Mireia, va y le suelta: “A ti no te haremos las pruebas para analizarte el semen, jajaj”. La mujer comenzó a reírse (como si hubiera contado un chiste), a nosotras nos pareció un poco gracioso, pero no demasiado.

Así que salimos de allí…con más ganas y con más preguntas. Y con unas pruebas médicas pendientes, que ya nos teníamos que hacer a la vuelta de las vacaciones. Uf, un mes y medio aún teníamos que esperar…

 

(vosotras sólo una semana, hasta el próximo capítulo).