Hola de nuevo!

 

Como muchas ya sabréis…. por fin vamos a ser mamás!!!!

Estamos pletóricas de la alegría, en una nube, o incluso más arriba… (ya comienzo a ponerme ñoña).

Las que nos habéis seguido de cerca, conocéis toda nuestra historia (las que no, podéis leerla aquí). Nos ha costado mucho llegar hasta este día, pero al fin lo hemos conseguido.

Ahora mismo estamos de 14+4, hemos esperado bastante para decirlo, pero queríamos estar seguras de que todo estaba bien para poder contarlo, además queríamos contárselo a la familia en persona, y para ello debíamos esperar a las vacaciones.

Pero ya está, ya es “vox populi”, por fin, el nombre de este blog tiene sentido 🙂

Quería escribir este post, para poder explicaros cómo fue todo, aunque las cuestiones más técnicas las explicaremos en un próximo post.

En el mes de abril, visitamos la que sería la clínica elegida. Desde el último tratamiento en noviembre del 2017, habíamos visitado algunas clínicas más, y al final nos acabamos decantando por la última.  ¿Por qué? Pues por el simple motivo de que fue donde mejor nos sentimos, donde mejor nos lo explicaron todo y donde pensamos que los resultados iban a ser mejores, y a la vista está que lo han sido. 

Mireia y yo, conseguimos que se nos sincronizaran las reglas el primer mes, y aunque nuestra idea era dejar el tratamiento para pasado el verano, cuando la doctora nos dijo:

¿Lo hacemos en el ciclo de junio?

¡¡Nos lanzamos!!

Nos moríamos de ganas de cumplir nuestro sueño, pero al mismo tiempo también nos moríamos de miedo.
Los meses que estuvimos de descanso, estuvimos muy tranquilas, nos encontramos a nosotras mismas (y como pareja). La verdad es que después de casi un año seguido de tratamientos y negativos, era lo que necesitábamos.

Comenzar un nuevo tratamiento significaba, o que conseguíamos nuestro objetivo, o que volvíamos a fracasar.

 

¿ Estábamos listas para un nuevo negativo? 

 

Por suerte tuvimos el positivo, no sabemos qué hubiera pasado de haber tenido otro resultado…

 

El 21 de junio, coincidiendo con nuestros 6 meses de casadas, hicimos el pipitest, bueno lo hice…

Aguantamos la dichosa beta espera sin hacer ningún test, como unas campeonas. Y el mismo día que teníamos la analítica de sangre en la clínica, me hice el test por la mañana. Ese día, yo me lo había pedido libre en el trabajo, por experiancia previa, sabía que ese día estaría demasiado nerviosa y no podría estar concentrada; Mireia sí que fue a trabajar.

Esperé a que ella se fuera, y cuando oí cerrarse la puerta de casa, me levanté deprisa de la cama y me hice el test.

Las que ya conocen el tema, sabrán que son los 3 minutos más largos de tu vida. Yo estuve dando vueltas por el piso, y cuando me acerqué al baño y miré de reojo, vi las dos rayitas.

 

¡Dos rayitas¡ ¡ En serio, dos rayitas¡ ¡ Entonces, era verdad, existían las dos rayitas¡

Llevaba meses dudando de su existencia, pero existían de verdad y salían en el pipitest que acababa de hacerme.

Uff, me puse tan nerviosa que me temblaba todo el cuerpo, y buscaba sin éxito el teléfono para avisar a Mireia, por fin lo encuentro, marco, y se otro lado escucho su voz. Entre lágrimas le digo:

– Mire, ha salido positivo.

–  ¿El qué?

– Pues el test, que es positivo.

– Qué va…¿en serio?

– Sí, de verdad.

– Pues voy para allá.

Y la pobre, que estaba llegando al tren, vino a casa corriendo.

Y ya podéis imaginar la de lágrimas, la de abrazos y de besos que hubo en los siguientes minutos a ese encuentro…

 

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