Hola chicas!

Volvemos con un nuevo capítulo de nuestra historia; damos un portazo y cerramos la puerta a la Seguridad Social.

Nos hemos sentido mal tratadas por los médicos y por el sistema que han montado alrededor de este tema. Creen que pueden jugar con las personas, pero no tienen en cuenta lo que sentimos. Os contamos el por qué.

Hace unas semanas Amanda recibió una llamada esperanzadora, nos contactaban del departamento de fertilidad del Hospital de Sant Pau dándonos cita con el Dr. X en una semana.

Por fin el Dr. Y , de la clínica Puigvert, había hecho su trabajo y nos había derivado al departamento adecuado para incluirnos a la lista de espera de la FIV.

Amanda y yo nos pusimos muy contentas, sinceramente, aunque sabíamos que la lista de espera es larga, creíamos que en los casos de mujeres con endometriosis adelantan los tratamientos. Además, una amiga nos había comentado, precisamente ese mismo día, que a una conocida suya se lo habían adelantado por ese mismo motivo.

¡Podéis imaginaros cómo estábamos! Pensábamos que aún había un poco de esperanza para poder realizar el tratamiento a través de la Seguridad Social y no tener que desembolsar todo el dinero que supone la FIV en una clínica privada.

Pasamos la semana entre fábulas e imaginaciones, pensando que quizás sí, que podía pasar. Y llegó el día de la visita con el Dr. X. No hubo demasiado retraso, cosa extraña en los médicos, así que cuando sonó el nombre de Amanda entramos con una sonrisa de ilusión.

Cuando el doctor nos vio, recordó que ya nos conocíamos, puesto que él había sido el primer doctor de la Puigvert que nos había hecho las inseminaciones. ¡Qué sorpresa!

Una vez sentadas, preguntó si Amanda ya se había hecho la resonancia que su “amigo Y” había dejado escrito la última vez que debía hacerse, a lo que Amanda respondió que ya se había operado y todo. Su cara cambió de repente, ¿se había enfadado porque Amanda ya estaba operada?

Nos preguntó si había sido por la mutua o si lo habíamos pagado al contado (perdona, ¿es eso relevante Doctor?), por lo que a las que le cambió la cara ahora fue a nosotras.

En este punto de la conversación, nos pidió los papeles de la operación para ver qué le habían hecho a Amanda y se los estuvo leyendo y apuntando. Una de las cosas que le hicieron en la intervención fue algo relacionado con el “torus uterino”, desconocido por nosotras, pero ¡también por el doctor! Nos decía que eso él no lo había estudiado en su momento, y la chica de prácticas parecía desconocerlo también. ¿Cómo puede ser? ¿No renuevan conocimientos los médicos?

Con el tono que estaba cogiendo la conversa, sabíamos que estaba todo perdido, cosa que nos acabó de confirmar cuando nos dijo: “¿y ahora qué se supone que debemos hacer con todo este lío?”…

Nosotras respondimos lo que el Dr. Y nos dijo, que debían apuntarnos a la lista de espera de la FIV, así que procedió a ello.

En este momento aprovechamos para decirle que teníamos una conocida a la que le habían adelantado el tratamiento por la endometriosis, pero nos contestó, muy sinceramente, por cierto, que eso es lo que debería ser, pero que la reserva ovárica de Amanda es buena, por lo que no iban a hacer esa deferencia con nosotras.

Así pues, tal y como nos anunció, debemos esperar 2 años. Dos años en los que, como le dijimos, pueden pasar mil y una cosas y que, cuando llegue el momento, ya veremos qué hacemos o cómo lo afrontamos, porque lo que sí tenemos seguro es que no podemos tomar una decisión ahora para dentro de tanto tiempo.

Después de este último episodio, ¿cómo podemos volver a confiar en el sistema? Un sistema que no ha sido capaz de detectar la endometriosis profunda de Amanda en ningún momento, que ha preferido hacer 4 inseminaciones sin pararse a pensar qué es lo que no funciona. ¿No será mejor ver qué ocurre y cambiarlo a tirar el dinero y jugar con las emociones de las pacientes?

 

¿Cuáles son vuestras experiencias en la seguridad social?

¿Estáis contentas con el protocolo de Reproducción Asistida de vuestra comunidad?

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